Carta a un(a) amigo(a)

Querido ex:

La verdad no sé si leas esto, por la forma en la que terminó nuestra relación lo dudo, pero nada pierdo intentando que entiendas qué pasó en mi cuando estuve contigo, qué ha pasado desde que dejamos de estar y qué me sigue sucediendo, porque la verdad me es más fácil contarte de mi a través de ti que de ti a través de mi y cuando termines esta carta entenderás por qué.

Comenzaré diciéndote que hoy soy otra, otra tan diferente que la que estuvo contigo la desconozco. Sin embargo, no es que ahora tenga las características que siempre pensaste que me faltaban para ser la mujer ideal y convertirme en el amor de tú vida. Es que tú me ayudaste a dar los pasos que me faltan para renovarme completamente y aceptar lo que realmente soy.

En ese entonces me encontraste devastada por una relación anterior de la que salí sin una pizca de amor propio y tú sin quererlo fuiste reconstruyéndome a pedacitos, cada día me ayudabas a tener más confianza en mí. Extrañamente cuando todo se terminó no estaba completa, pero si tenía un 80% de mí en su puesto, el otro 20% la vida me enseñaría a llenarlo.

El riesgo nunca fue lo mío, siempre te lo dejé a ti. A tú parecer hoy mi vida debe seguir sin riesgos, en el mío yo tomé el riesgo más grande que una persona puede tomar y es decidir ser sin importar nada, absolutamente nada. Supongo que de eso no entiendes mucho porque tus riesgos siempre tienen en medio la palabra dinero o velocidad.

Sé que te amé, nunca te lo dije, pero te amé. Obvio esto lo entendí hasta mucho después cuando por fin conocí el amor incondicional, el amor verdadero. Me di cuenta no solo que te amé, sino que te amo. Este amor me ha llevado a ser feliz con cada logro que tienes, con cada decisión que tomas para avanzar. Lo más extraño es que noté esto cuando te casaste porque me di cuenta de que no importaba la mujer que estuviera al lado tuyo desde que tú fueras feliz.  Ese momento me hizo asombrarme de mí, nunca pensé ponerme feliz por un acontecimiento de estos a pocos meses de haber terminado. Hoy me sigo asombrando porque pensar en ti es tener una sonrisa en el rostro.

A través tuyo la vida me enseño que el sexo es sagrado, fue duro, tuve unos tantos golpes, sentí que pagué tantas cosas que no eran mías. Pero hoy entiendo que solo eran lecciones que me preparaban en mi camino. En ese momento me dolieron mucho, no veía la luz, tenía pánico de salir a las calles, inclusive hoy el sonido de una moto me sigue haciendo sudar frío y me dan ganas de llorar. Pero esa situación y tu indiferencia me hizo entender que era momento de limpiarme, de cambiar, de dejarte ir. De ahí en adelante soy otra.

Eras el amor de mi vida, lo tengo claro, tan claro que te dije “si nos encontramos una tercera vez será para siempre” ya no habrá ese siempre, ni esa tercera vez. No en esta vida. Te agradezco que me hallas abierto otros caminos, más limpios, más tranquilos emocionalmente y sobre todo que hoy no tenga un anillo en mi dedo que me haga sentir comprometida.

Así como tú yo también le tengo pánico al compromiso, pensé en huir mil veces, en qué excusa podría inventarme para perderme y no volver a aparecer nunca solo porque estaba sintiendo. La diferencia es que tú corriste y yo me quedé, porque vi una luz en ti que hoy a kilómetros de distancia sigo viendo. Lo atípico es que más allá de ver una luz en ti, vi una luz en mí, una posibilidad clara de soñar con los pies en la tierra.

Ahora supongo que te estas preguntando por qué se algunas cosas de ti, seré sincera cambié tanto que a diferencia del primer café que tomamos donde me preguntaste ¿qué estoy pensando? Y te dije “no tengo idea”, hay varios días que te he visto y me he enterado de qué piensas, que a veces sin que te enteres comparto contigo las noches donde tocas sin parar porque no sabes cómo sacarme de tú cabeza, que en los días que estas triste y tomas yo te envío luz para que veas opciones y no sigas así. Ahora decidí hacer algo con aquello que me negaba a ser. Lo curioso es que tu mente tiene un millón de laberintos y cambias tanto cuando se trata de mi que a veces sé que me amas, pero otros días que me odias.

En realidad, sé que lees está carta porque me tienes infiltrada, porque andas pendientes de mi tanto o más de lo que yo ando pendiente de ti, y ambos fingimos que no lo notamos.

Hoy espero un café que me aclare algunas dudas, pero ten por seguro que no te encontrarás con la niña que dejaste. Hoy me siento una mujer con un propósito clarísimo, con sueños, con metas, con amor propio, con una relación con Dios inquebrantable; hoy soy más amor que persona y eso algunas veces me da risa, amarte después de todo.

Creo que ese amor que descubrí contigo es el que me hizo entender que no soy brava, que no hay necesidad de que la gente me tenga miedo. Que podía vivir cada segundo feliz, bailando, cantando y que una sonrisa siempre sería la mejor respuesta a una pelea.

Gracias porque alumbraste en mí todo lo que estaba mal y me mandaste de una vez a equilibrarme, a cambiar, a mejorar. Pase de estar con una nube negra encima a tener un reflector todo el tiempo solo para mí. Gracias porque sin ti este proceso se hubiera demorado muchos años, si es que hubiese aceptado tomarlo.

Infantas gracias por ayudarme a darle significado a la palabra amor propio, por experimentar a tu lado el amor incondicional, por entender la gratitud, pero sobre todas las cosas INFINITAS GRACIAS por darme la mano cuando yo creía no necesitarlo y por quitármela cuando estaba segura de necesitarte.

 

 

 

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